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5 reglas de oro en la nieve

En nuestras montañas el invierno supone una auténtica oportunidad para pisar nieve y disfrutar de un paisaje cambiado, más grandioso y solitario. ¿Cuáles son las reglas de oro para evitar incidentes no deseados? Los tres últimos años y coincidiendo con la pandemia, así como el final de las restricciones, ha aumentado espectacularmente el número de visitantes en la montaña, incluida también la temporada invernal. ¿Sabemos bien qué aspectos debemos cuidar especialmente en la temporada con nieve? 1) PRESTA MÁS ATENCIÓN A TU EQUIPO Y MATERIAL A finales de 2022 y primeros de 2023 algunas anomalías térmicas vinculadas a temperaturas altas en nuestro país han propiciado la divulgación de recomendaciones irresponsables para la montaña. «He pasado calor incluso en la cumbre», «con un jersey tienes más que suficiente a 2.000 metros», «la nieve está tan blanda que no vale la pena llevar crampones» son el estilo de algunos mensajes difundidos en redes sociales. Aunque puntual y localmente se han dado condiciones casi primaverales, en muchos sitios la nieve está dura, el frío puede ser intenso (en la cima del Aneto -22 C y por viento de 70 km/h una sensación térmica ¡de cuarenta bajo cero en la madrugada! el 19 de enero de 2023) y las rachas de viento fuerte han azotado multitud de laderas y cumbres, desde los 60 a los 110 km/h. Lleva siempre en invierno una cuarta capa térmica, ya sea de pluma, fibra o forro polar, botas de invierno de taqueado grueso en vez de zapatillas ligeras, bastones robustos –los ultraligeros pueden partirse con mayor facilidad si resbalas en la nieve- y en caso de que remontes pendientes nevadas o canales material de alpinismo: como mínimo piolet, crampones y casco. 2) LA HIPOTERMIA NO ES UNA BROMA La mayoría de las personas que hacen montaña en España durante el invierno experimentan sensación de frío intenso por debajo de -5ºC cuando la actividad dura más de 4 o 5 horas y es a partir de -7ºC/- 8ºC cuando el calzado tipo senderismo o la vestimenta que utilizamos el resto del año no nos protegerán suficientemente. Si la temperatura de nuestro cuerpo desciende, podemos entrar en hipotermia y bajo una tiritona pocos individuos son capaces de orientarse, agarrar con la suficiente fuerza un bastón o un piolet ni mucho menos fijarse en si alguno de nuestros acompañantes necesita ayuda. La hipotermia además aumenta el riesgo de infarto e ictus, hasta incluso duplicar las posibilidades en personas con problemas cardiovasculares. Consulta en partes específicos, tipo AEMET Montaña, qué temperaturas habrá en función de la ubicación y altitud, tanto la real como la sensación térmica originada por los vientos invernales. 3) FÓRMATE ESPECÍFICAMENTE Eduardo Punset, un gran divulgador científico bastante popular, decía «Pesa más un gramo de experiencia que un kilogramo de teoría», una frase magnífica para que recordemos que acumular horas de visualización de vídeos tutoriales o de escribir en las redes sociales sobre montaña no nos vuelve automáticamente más sabios ni más experimentados. Un buen curso de montaña invernal, ya sean los de nivel básico (si eres senderista), intermedio (para montañeros/as) o avanzado (alpinistas) te permite practicar con alguien experto, que resolverá tus dudas, te corregirá errores y mejorará tu preparación. Y sí: las personas más formadas se accidentan menos. 4) TEN SIEMPRE UN PLAN «B» La flexibilidad para cambiar de plan o de objetivo antes de salir de casa o en plena actividad es una cualidad muy importante y que no todo el mundo posee. La cabezonería, una ambición desmedida, sobrevalorar nuestras capacidades o un liderazgo mal entendido empujan a no pocas personas a estar en el sitio incorrecto –por ejemplo un tramo rocoso expuesto– y en un momento inadecuado (por ejemplo un día en el que se ha pronosticado de fuertes vientos) y con compañía inadecuado, por ejemplo gente inexperta o que no espera a sus compañeros/as rezagados/as. Ser capaz de cambiar a un plan menos ambicioso, descendiendo de cota o variando el destino cuando viajemos –por ejemplo ante una carretera que va empeorando por la nieve/hielo- nos hará más felices y responsables. Básicamente se trata de prever, analizar, afrontar y adaptarse a lo que pueda suceder. 5) PRECAUCIÓN CON LAS PENDIENTES HELADAS De manera general se tiene una percepción errónea del peligro que entrañan las pendientes con nieve dura, especialmente si poseen escasa inclinación o si son cortas. Sin embargo a partir de sólo 40 grados y con apenas 40 metros de deslizamiento alcanzaremos los 100 km/h, con lo que resulta fácil adivinar con qué fuerza podemos golpearnos contra una roca que sobresalga. En inclinaciones más moderadas, de apenas 20 o 30 grados, algunas personas se han salido de caminos nevados y se han precipitado ladera abajo, simplemente por no ponerse unos crampones. Hasta la pendiente más moderada, siempre que esté helada será un increíble tobogán de aceleración para perder en poquísimos segundos nuestro teléfono móvil, guantes o la mochila que estamos abriendo para sacar más ropa. Siempre que remontes, atravieses o desciendas una pendiente helada verifica antes cómo es la zona inferior de recepción (si asoman rocas o existe un cortado), si llevas el material adecuado, si no existe una alternativa menos peligrosa aunque implique un largo rodeo y si tus acompañantes están también capacitados para bajar o ya expresan dudas/temores desde el inicio.

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